Rompe matrimonio de 38 años por un chico 23 años más joven, él solo quería su visa.

Ella se encargaba de todas las cuentas de su hogar y le consiguió la ciudadanía para que no se fuera de su lado, mientras que él tenía una vida a escondidas, con otra esposa e hijos.

Margaret Sarr una mujer británica de 71 años viajo en 2002 por primera vez de vacaciones a Gambia, África junto con su esposo en ese momento, lo que pintaba como unas lindas vacaciones terminó como la pauta para el fin de su matrimonio.

Un día conoció a Samba, un chico 23 años menor que ella y, a pesar de que había un continente de por medio, Margaret sintió de inmediato la química que había entre ellos y, a pesar de que se encontraba todavía casada, dos años después dejó a su marido para empezar lo que ella creía que sería una historia de amor.

Ella viajó múltiples veces a Gambia para visitar a Samba, quien trabajaba de carpintero y apenas ganaba lo suficiente para vivir, sin embargo esto a Margaret no le importó y decidió contraer nupcias con el joven. Aunque nadie de la familia asistió a la boda, ni siquiera los hijos de la propia Margaret, Sarr gasto cerca de 2 millones de dólares en la lujosa boda de sus sueños, al final ¿Qué importaba? Se trataba del amor de su vida.

Finalmente en 2004 Margaret le pagó a Samba su VISA para que pudiera viajar a Reino Unido, posterior a esto todo cambió dentro de su matrimonio. El joven modificó su actitud ante su esposa “Me erradicó, estaba orgulloso de estar conmigo allá, pero aquí, por la diferencia de edad, nunca quería que nos vieran juntos. Al final solo quería la VISA”

Su vida juntos estuvo llena de gastos, lo que llevó a Sarr a gastar los ahorros de su vida solventando el matrimonio que en un principio era de ensueño. Esto obligó a Margaret a volver a trabajar después de su retiro, tuvieron que dejar Machynlleth en Gales para arrendar una propiedad en Newton. Ella trabajaba todo el día para poder sobrevivir, mientras Samba vivía de su trabajo.

Durante este tiempo fue cuando empezó a sospechar de su infidelidad, pero cuando lo confronto negó todo, y por si fuera poco, Samba la obligó a poner a su nombre una propiedad valorada en más de 100,000 euros que tanto trabajo le había costado conseguir. Margaret soportó todo este calvario solo por el amor que sentía por el joven, pero en 2012 confirmó por fin lo que tanto había temido: Samba le era infiel y además tenía dos hijos con su amante.

“Supe que se acostaba con esa mujer en nuestra cama mientras yo trabajaba.”

Sarr, tras esta noticia, decidió terminar con su matrimonio y ahora se encuentran en una batalla legal para poder recuperar la propiedad con la que se endeudó y la cual está a nombre de Samba.

“Cuando lo conocí pensé que era el hombre de mis sueños, fui ingenua… lo saqué de la pobreza y mira ahora como me paga. Otras mujeres deben tener cuidado”

Ahora Margaret Sarr sólo quiere que su historia se difunda por el mundo, para que otras mujeres de su edad sepan que este tipo de engaños existen.

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